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BOSQUES: EFECTOS SOCIOAMBIENTALES DEFORESTACIÓN PDF Imprimir Correo electrónico
Viernes 31 de Diciembre de 1999 19:00

EFECTOS SOCIO-AMBIENTALES DE LA DEFORESTACION

Uno de los principales efectos de la deforestación es la pérdida de fuentes de agua puesto que uno de los servicios ambientales que proporciona el bosque es la producción de agua, “tanto a través de la regulación hídrica como de la producción de precipitaciones por evapo-transpiración”.

Con la pérdida de bosques se pierde la biodiversidad. Es decir, desaparece la variedad de especies vegetales y animales de los lugares deforestados, desequilibrando los ecosistemas.

Sin cubierta forestal, los suelos quedan expuestos a la acción directa de las lluvias, el sol y los vientos, perdiendo sus propiedades de fertilidad (calcio, potasio, magnesio, nitrógeno). Si a esto se suma la carencia de fuentes de agua, los suelos se vuelven proclives a los procesos de desertificación.

La deforestación deteriora las condiciones de vida de las poblaciones locales. Mientras éstos asimilan los costos ambientales de la destrucción de los bosques, los negociantes de la madera, obtienen las ganancias. Los pobladores dejan de acceder y de beneficiarse de los recursos de los bosques: recolección de productos alimenticios y medicinales, fuentes de agua y suelos fértiles. Esto que redunda en el abandono de prácticas culturales tradicionales, es decir en el abandono de modos de subsistencia autónomos

Cuando se deforesta para implementar monocultivos y plantaciones, los pobladores locales que vendieron a los empresarios sus parcelas, además de perder con la tierra la posibilidad de producir para su subsistencia, pasan a buscar nuevas fuentes de ingresos o a depender de la misma plantación (y si optan por esta última alternativa, se exponen a los químicos propios de las plantaciones y monocultivos).

En la preparación y proceso de estas agroindustrias, se utilizan maquinarias que van compactando los suelos.

Generalmente, los desechos del procesamiento de la palma son evacuados a los cursos de los ríos, acequias o quebradas, contaminando las fuentes de agua.

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LAS ZONAS DE MAYOR DEFORESTACION ACTUAL

Las zonas que más se deforestan para la industria maderera y para la implementación de cultivos de palma africana son precisamente aquellas de mayor riqueza en biodiversidad y los últimos reductos de bosque primario. Estas zonas, ricas en bosques primarios, constituyen patrimonio forestal estatal, territorios indígenas o posesiones campesinas.

La deforestación ha sido mayor en las zonas bajas del país: Costa, Amazonía y zonas tropicales de la región andina.

En la Costa (que cuenta con el 13% de bosques nativos) se ha deforestado más del 90% del bosque, mientras que en la Amazonía (que cuenta con el 70% de bosques), se ha deforestando el 30%. Todo ello, entre 1985 y 1991.

En épocas recientes, se está produciendo una destrucción acelerada de bosques en las estribaciones de la cordillera occidental, en la región del Chocó ecuatoriano, es decir, en la zona nor-occidental de las provincias de Esmeraldas, Carchi e Imbabura. Los bosques de estas zonas están a punto de desaparecer, como ya ocurrió con los bosques del nor-occidente de Pichincha.

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LA PROVINCIA DE ESMERALDAS

 

Se estima que en esta provincia se han destruido más de 500 mil hectáreas de bosques entre 1969 y 1991, sin tomar en cuenta los bosques destruidos de manglar.

Las zonas de San Lorenzo y Eloy Alfaro, ubicadas en la parte norte de la provincia de Esmeraldas, desde épocas recientes, han sido objeto de una deforestación impactante. En dos años, se ha deforestado 8.000 hectáreas de bosques primarios, para desarrollar plantaciones palmícolas.

En ellas, se han concentrado negociantes de tierra (comerciantes e intermediarios), madereras, palmicultoras, campesinos colonos (especialmente manabitas). Todos ellos, con interés por acceder a tierras y a los bosques de patrimonio forestal.

La presión sobre estas zonas tiene un nuevo ingrediente: el proyecto vial de las carreteras Esmeraldas-San Lorenzo y la marginal de la Costa, que atraviesan zonas de bosques y tierras de comunidades afro-ecuatorianas, el mismo que facilitaría la entrada a bosques no penetrados, la transportación de la madera, las tierras ganarían mejores precios, las empresas palmícolas podrían transportar con agilidad los aceites (garantizando así su calidad y rentabilidad).


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LAS POBLACIONES LOCALES

 

En este escenario, y, en muchos casos, siendo parte de esta red del negocio de madera, se encuentran las poblaciones locales: comunidades indígenas Chachi, y comunidades afro-ecuatorianas y campesinos colonos, buena parte de los cuales, hasta la fecha, no han logrado legalizar sus posesiones. En este escenario de intereses, dilatar los procesos de adjudicación de tierras es un instrumento para no legitimar los derechos campesinos.

Para algunos pobladores, la venta de madera es el único “negocio” a través del cual obtienen dinero, pero están sujetos a los precios que les imponen los intermediarios y comerciantes de madera. La supuesta rentabilidad de la venta de madera, resulta tan pobre para los campesinos (por las razones ya anotadas en párrafos anteriores) que, apenas cubren algunos aspectos mínimos de subsistencia.

Por otra parte, las poblaciones, en general, se caracterizan por un precario nivel organizacional. No cuentan con organizaciones locales ni regionales. Si sumamos a esto la falta de institucionalidad oficial local, podremos entender su vulnerabilidad a las intervenciones y presiones externas.


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LAS EMPRESAS MADERERAS

 

Las empresas madereras con mayor presencia en la provincia son las del grupo maderero Peña Durini. Este ha obtenido del Estado catorce concesiones madereras en Esmeraldas, lo que representa aproximadamente 540 mil hectáreas de bosque nativo, extraídas sin ningún tipo de seguimiento y control de parte de las instituciones forestales.

Desde los años 70, las empresas madereras, han accedido a los bosques a través de la posesión directa de las áreas forestales estatales, del arrendamiento de tierras indígenas Chachi, y de la compra o apropiación de posesiones campesinas. La compra de lotes campesinos lo hacen poco a poco, compran entre 100 y 500 hectáreas. Estos mecanismos les han permitido titularizar (desde octubre de 1999 hasta la actualidad), unas 25 mil hectáreas de tierras y bosques.

El arrendamiento de tierras a las comunidades indígenas, a pesar de los graves impactos socio-ambientales que estas sufren: pérdida de los bosques, vibraciones de maquinarias, nuevos vecinos colonos, nuevas enfermedades, desarticulación de sus economías, ha facilitado a los madereros la extracción de la madera de esos territorios.

En este proceso de ocupación y compra de bosques y tierras, cometen una serie de atropellos contra los pobladores locales: a más de pagarles precios irrisorios por los árboles, crean unilateralmente agrupaciones campesinas, impulsan movimientos colonizadores (como por ejemplo, el que dio como resultado el recinto de Hojas Blancas, en la parroquia Malimpia de Esmeraldas, y sobre el cual tienen el control); dividen y enfrentan a los pobladores, les hacen ofrecimientos (construcción de obras de infraestructura, carreteras, escuelas) y les atemorizan.

En este contexto de necesidades, intereses y posiciones que se contraponen, y cuando los pobladores locales no ceden a las pretensiones de las empresas madereras, han tenido lugar los casos de conflictos que, a continuación describimos y en los que confrontan directamente campesinos con empresas madereras y palmicultoras.


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