¿POR QUÉ LA POLÍTICA SOBRE LAS FUMIGACIONES DEL PLAN COLOMBIA TAMBIÉN MOVILIZA? PDF Imprimir Correo electrónico
Martes 11 de Agosto de 2015 22:23
Los riesgos de que el poder no escuche... tienen eco. La política asumida por el actual régimen en relación a las fumigaciones en la frontera, ha sido cambiante. A pesar de que en el inicio del gobierno de Alianza País, el presidente Correa afirmó que “la fumigación afecta a cultivos legales y la salud de los campesinos de la zona, además de atentar contra la soberanía ecuatoriana". Hoy, después de 5 años de preparar el litigio en La Haya, el descontento es grande y la gente se prepara para decirlo.

Corría el año 2001 cuando en pleno diálogo del gobierno de Noboa con la CONAIE, tras la caída de Mahuad, la Ministra Lourdes Luque manifestó, ante las graves denuncias de afectaciones de campesinos en la frontera por el Plan Colombia, que “en frontera norte no pasa nada”. A pesar de poner a su disposición los informes que demostraban las agresiones, pobreza y hambruna que traían las fumigaciones a la población ecuatoriana de frontera y a pesar del eco de la prensa que recogía las afectaciones, la ministra diría: “Solo leo informes oficiales”. ¿Cómo se sentirá ahora esta funcionaria que mientras estaba en el poder anulaba la palabra informada, los testimonios de los campesinos recogidos por la prensa y los estudios de las ONGs, organizaciones sociales y de derechos humanos, que le advertían de los graves daños; cuando 14 años después la Organización Mundial de la Salud (en marzo del 2015) hace público un informe en el que reconoce que el glifosato, la versión más “inocua” del cóctel, según la embajada de EEUU, con el que se fumiga en Colombia es declarado como “probablemente cancerígeno para humanos”? ¿Cuántos daños nos habríamos evitado si los funcionarios en el poder hubieran escuchado a la población?

Pero el poder no siempre es necio, a veces es cínico, como cuando se acercaba la caída del presidente Gutiérrez, y el Vicecanciller ecuatoriano Johnson afirmó que “el glifosato es un fantasma creado [...] no ha llegado glifosato a territorio ecuatoriano [...] Ahora es por el glifosato, si utilizaban agua bendita, tendríamos que analizarla, porque a lo mejor es mala”.  ¿Sentirán vergüenza de lo que dijeron? ¿Se arrepentirán de lo dicho? ¿Esperarán que la gente haya olvidado sus exabruptos para seguir con sus carreras diplomáticas como si nada? Porque este vicecanciller fue premiado nombrándole responsable de DDHH en las Naciones Unidas.

Muchas de las veces el poder es mentiroso, cuando se comprometen sus intereses, porque no se atreve a justificar con la verdad los riesgos a los que somete a la población. Así el embajador (e) de Estados Unidos en Quito, en el 2001, ante las protestas contra las fumigaciones mentiría diciendo que  “las fumigaciones no afectan a las personas”; también el Ministro de Justicia de Colombia había llegado a decir que “el glifosato es menos dañino que la sal, el café, las vitaminas, o el champú para bebés”  y en ese país acabarían pagándole al Dr. Camilo Uribe para que dijera, como asesor de la embajada de EEUU en Colombia, que “una persona con un peso de 60 kilos debería ingerir una cantidad aproximada de 15 a 18 litros del producto formulado para producirse una toxicidad aguda severa”, y ese mentiroso doctor vino a Ecuador a decirle lo mismo al Congreso de los Diputados.

A estas personas no sólo las puso en evidencia la Organización Mundial de la Salud con su declaración, ya fueron expuestos en su día cuando el encargado civil del Hemisferio Occidental en el Departamento de Defensa, Roger Pardo-Maurer, reconoció ante una delegación de organizaciones colombo- ecuatorianas que visitaron Estados Unidos, en octubre de 2003, que “las fumigaciones son un éxito; sabemos que hay problemas de salud, incluso muertes, pero para nosotros es un costo aceptable”.    

También el poder ejerce de arrogante, como en noviembre del 2005, cuando el zar antidrogas de los EEUU, John Walters, se atrevió a criticar la política del presidente Palacios, por exigir más estudios sobre el glifosato y su respuesta fue: “las críticas al uso del herbicida glifosato para erradicar narcocultivos se deben a la falta de conocimiento sobre el tema y, en otros casos, provienen de sectores que apoyan al narcotráfico y al terrorismo”. Curiosamente las mismas palabras que los abogados de la Cancillería expusieron al juez contra quienes han pedido información que de transparencia al acuerdo que firmaron Ecuador y Colombia, para permitir progresivamente las aspersiones cada vez más cerca de la frontera, y que se han negado sistemáticamente a dar, en muchos casos con el silencio administrativo.

¿Por qué el canciller Patiño niega que la deriva de las avionetas puedan ir más allá de los 200 metros, que dijeron los científicos ecuatorianos que ocurría, y acepta la tesis de Colombia ya desechada hace 5 años de que el glifosato cae como plomo? ¿Por qué el canciller Patiño no entregó la información que le pide la veeduría que da seguimiento al acuerdo en el que Colombia entrega 15 millones a Ecuador para la frontera? ¿Por qué dicen que se han entregado los millones que dio Colombia y hay una lista de más de 2000 personas de la frontera, entregada al MIES, que dicen no haber recibido nada y haberles negado ese derecho? ¿Por qué las fumigaciones pasaron a realizarse a 5kms cuando no hubo ningún estudio, como así establece el acuerdo, para descartar impactos? ¿Por qué cancillería ha guardado silencio de las denuncias de impactos ocasionados en la frontera  en noviembre del 2014? ¿Por qué se volverá a poner en riesgo a la población, a partir del 9 de septiembre, con nuevas fumigaciones esta vez a 2kms?¿Por qué tardó cancillería más de un año en establecer el protocolo de quejas y todavía la población no ha sido comunicada del procedimiento?

Hay muchos motivos para que la gente proteste en la frontera por lo que consideran un maltrato, pero queda claro que muchos políticos, gustosos de salir en las fotos, aplican políticas que les dejan retratados, expuestos a la evidencia.

ACCIÓN ECOLÓGICA
9 de agosto 2015

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