EL PROYECTO YACHAY Y LA ECONOMÍA DEL BIOCONOCIMIENTO Imprimir
Lunes 13 de Mayo de 2013 16:54

El actual gobierno se ha planteado que es necesario superar la economía primario exportadora y pasar a una economía terciario exportadora basada en el bioconocimiento. Es aquí donde entra el proyecto Yachay.

La sociedad del conocimiento o “generación de mercancías a partir del conocimiento”, no es sino un nuevo proceso de acumulación del capitalismo, que consiste en la producción de dinero por medio del conocimiento.

 

Para promover el bioconocimiento, según el Semplades, se crearán centros de investigación como la Ciudad del Conocimiento “Yachay” en Urquiquí – Imbabura, o la Universidad Regional Amazónica Ikiam

Ikiam plantea que su eje es el “bioconocimiento”, sin embargo se propone crear enclaves de investigación que refuerzan el modelo extractivista primario exportador: en el Norte amazónico se centrará en temas petroleros y en el Sur en minería.

Yachay, pretende ser un enclave de tecnociencia para el Sumak Kawsay, donde participarán empresas privadas, e inversiones como la del multimillonario David Murdock, propietario de la multinacional bananera Dole.

La construcción de Yachay está a cargo de un grupo coreano (Incheon Free Economic Zone (IFEZ) propulsor de la zona libre Incheon en Corea. Está “ciudad” se está creando con una lógica de “zona libre”, como un enclave de tecnociencia. De hecho, se ha reglamentado que Yachay es una ZEDE (o zona franca).

Las áreas de investigación y desarrollo serán: Biotecnología y Nano-Tecnología asumiendo que estas nuevas tecnologías, sobre las cuales no tenemos ni control ni experiencia,   son la cura de todos los males de la humanidad.

Las nanotecnologías son un conjunto de técnicas que se utilizan para manipular la materia a la escala de átomos y moléculas. Nano es una medida, no un objeto. A diferencia de la biotecnología, donde "bio" indica que se manipula la vida, la nanotecnología habla de una escala. Tanto la Nanotecnología como la biotecnologías, son propuestas tecnológicas de alto riesgo, por lo que hay centenares de demandas de mayores estudios de riesgo para mirar los impactos de quienes trabajan con ellas, y por supuesto para evaluar lo impactos de lo que producen y pretenden descargar al ambiente.

 Al igual que con los transgénicos, las empresas buscan oportunidades para invertir en tecnologías de riesgo allí donde puedan pasar por alto el principio de precaución. El modelo tecnológico y de inversiones en estas áreas no busca el desarrollo local, ni superar la pobreza, ni resolver los problemas domésticos, al contrario, desplaza las actividades productivas locales e impone un acercamiento de la investigación científica con el sector empresarial, para convertirnos en productores de bienes necesarios para el mercado mundial transnacional

 Analizando de manera crítica las propuestas de avanzar hacia una sociedad del bioconocimiento, con un patrón tecnológico de riesgo, nos quedan claras dos cosas.

 Primero que no solo hay que evitar encandilarse con las ofertas tecnológicas, sino que es necesario pensar en para qué y para quién serán los beneficios y los maleficios que resulten de esos proyectos.

 Segundo que el modelo del bioconocimiento, tal y como se está impulsando, no significará que vamos a abandonar el modelo extractivista primario exportador, sino que, al contrario, éste será reforzado.