Más petróleo, más despojo, más sometimiento a las (trans)nacionales petroleras. Imprimir
Miércoles 28 de Enero de 2015 13:00

 Es increíble mirar cómo se insiste en la búsqueda y explotación  de petróleo aún cuando los costos de extracción resulten mayores que los precios de mercado, como es el caso de los crudos pesados del ITT.

 La caída de los precios del petróleo, debería avivar el debate sobre el futuro que queremos para el país. Sobre qué construye y qué destruye las soberanías.  Sobre cómo, con quién y en dónde construiremos el sumak kawsai.

 

 La actividad petrolera ha afectado históricamente la soberanía del país. Es una actividad que tiene un dominio tecnológico y financiero de las potencias del primer mundo. Son éstas las que deciden sobre los precios y los mercados del petróleo.

 Texaco, junto con otras empresas como Halliburton (que hacía la actividad sísmica) no sólo destrozaron la selva, sino que se llevaron la información de las reservas petroleras.  Lo dramático es que Halliburton o  Schlumberger, empresas de servicios petroleros se alistan o ya están operando los campos llamados marginales manejados por la empresa nacional.

 De la misma manera se insiste en ampliar las fronteras petroleras a toda costa, a pesar de los impactos bien conocidos de estas actividades.  Nadie puede creer que  las operaciones de las empresas chinas serán mejores, desde el punto de vista laboral, económico o ambiental ;  y es chocante mirarcómo estas empresas se han consolidado en el Ecuador, tanto en los servicios como en la operación de campos petroleros.

 Seguimos sembrando desastres y seguiremos recibiendo los coletazos de una industria que nos somete a sus reglas.

 Cuando el petróleo subió en el 2008 a 140  dólares por barril, fue por favor de lo que se conoce como financiarización de los commodities, porque lo necesitaba la industria energética mundial.  Arabia Saudita y la OPEP  acordaron recortar la producción para que suba el precio  del petróleo y con ésto permitir que los crudos pesados y los esquistos (Shale Gas) se vuelvan rentables.  De hecho, la industria petrolera estadounidense no podía desarrollarse con precios bajos del crudo.

 Hoy, que parece ser que los esquistos están por todas partes y que China ha adquirido un  papel  central tanto porque tiene este tipo de hidrocarburos en su territorio, como porque ha comprado acciones en empresas especializadas en no convencionales en Estados Unidos, la amenaza de quedarse sin mercados para los crudosconvencionales, movió las reglas del juego. Es así que por ahora le conviene a la industria bajar los precios del petróleo, para aumentar su consumo y frenar a nivel internacional las políticas de reconversión energética.

 Para el Ecuador, un petróleo a  40 dólares por barril implicaría que no haya ganancias en operaciones de extracción costosas, como la del Yasuní ITT.   Incluso otros campos también en el Yasuní serían no rentables para el Estado.  Si el Estado les reconoce un costo de servicios petroleros a las empresas Chinas de 40 dólares.  ¿cuál será la ganancia del Estado?

 De igual manera, al no haber los fondos de compensaciones - porque ya no quedará nada para aplicar el 12% del excedente del precio del crudo de las empresas públicas - con lo que se pretendía ”superar el olvido a comunidades en las zonas petroleras”, los conflictos por insatisfacción aumentarán.

 Las señales se  muestran esquizofrénicas.  Se escucha hablar de aumentar las zonas de exploración y extracción, no sólo en toda la Amazonía sino también en el mar.  Se continúa construyendo un nuevo enclave petrolero en el Yasuní a pesar de la voluntad de los ecuatorianos de mantener el Yasuní vivo.  Se sigue anclando al país en el extractivismo, también en laminería a gran escala, aumentando la dependencia internacional y el despojo a las comunidades, no sólo de sus territorios sino también del agua.

 Resulta cada vez más claro que no basta declararse progresista, y peor desarrollista.  Se requiere ser anticapitalista, pues el capitalismo se realiza –como siempre- a costa de la naturaleza,  de los pueblos indígenas y campesinos, de los trabajadores, del trabajo invisibilizado de las mujeres y finalmente del país.

 Como ecologistas, le apostamos a las prácticas de antigua experimentación, comunitarias, creativas, simbióticas desde donde sea posible recuperar y construir modelos productivos que rompan la dependencia de patrones tecnológicos y energéticos que nos colocan en situación de subordinación frente a la gran industria, su ciencia y tecnología, y que, por el contrario, sean constructoras de soberanías, respetuosas de la naturaleza.  ¿Por qué es tan difícil reconocer que para la construcción del sumak kawsai se requiere, territorios sanos, y tecnologías y ciencias liberadoras?