La Refinería del Pacífico y las reservas del ITT PDF Imprimir Correo electrónico
Lunes 22 de Agosto de 2016 00:00

En los últimos meses el gobierno ha vuelto a insistir en la construcción de la Refinería del Pacífico en Manabí. ¿Será porque necesita un pretexto para adquirir una nueva y enorme deuda externa para cubrir el déficit presupuestario y seguir con la fantasía de la abundancia que nos vendió la “Revolución Ciudadana”?  ¿Será porque poco ha hecho al cabo de cuatro meses del terremoto que devastó Manabí y, en época electoral, necesita mantener el respaldo manabita con el discurso de hacer de esta provincia uno de los principales “polos de desarrollo” alrededor de la industria petrolera? ¿Será porque necesita seguir engañando con que el Ecuador precisa de la explotación del Yasuní-ITT antes de que los candidatos tomen ventaja retomando la propuesta de dejar el petróleo en el subsuelo, acordes con la conciencia de los ecuatorianos? O, ¿son todas estas razones juntas?



Para justificar la construcción de la Refinería del Pacífico (RdP), el Gobierno parece estar jugando con las cifras: que el bloque ITT cuenta ahora con reservas por 1.670 millones de barriles de crudo en lugar de los 920 millones estimados inicialmente (82% más) y que serán más de 26 mil millones de dólares de ingresos adicionales para el país; que el beneficio será de $840 millones anuales; que, según el vicepresidente Glas, $5.500 millones producirá la operación de la refinería y la exportación de derivados; que “con la Refinería del Pacífico y con todas las industrias estratégicas que hemos planificado, el PIB industrial crecería al 25%, que es el nivel de un país desarrollado”, según dice el presidente Correa; que se crearán más de 20.000 empleos durante la etapa de construcción y 2.000 directos y 10.000 indirectos durante la etapa de producción, como sostiene el Ministro Coordinador de Sectores Estratégicos.

Pero ya pocos creen en estos cuentos chinos. Por ejemplo, siempre ofrecen empleos como forma de chantaje a las comunidades locales para que éstas acepten la implementación de todo tipo de megaproyectos en sus territorios y al final -tal como pasó con la construcción del OCP en el 2003 o en la zona del Yasuní-ITT en la actualidad-, esos empleos jamás se crean en la cantidad ofrecida ni tampoco sirven para la población local.

Ofrecen de todo, pero las autoridades nunca hacen referencia a los graves impactos socioambientales, locales y globales, que generan actividades petroleras como la construcción de la refinería en Manabí y la explotación del Bloque ITT en el Yasuní. Tampoco mencionan lo que implicaría endeudar al país por $13.000 millones más, para una refinería de crudos pesados que nadie con sentido de responsabilidad se atrevería a decir que es realmente necesaria ni rentable para el Ecuador.  Y es que al momento a nivel global existe una sobreproducción de derivados de petróleo, con la consecuente contaminación del aire, agua, suelo, mar y con uno de sus principales problemas como es el “cambio climático”.  Por estas razones los pueblos han empezado a elevar su conciencia y a tomar acciones claras como la campaña de “Dejar el petróleo en el subsuelo” a nivel mundial.

De hecho, los gases emitidos a la atmósfera por refinerías y petroquímicas contienen partículas en suspensión de metales pesados, óxidos de azufre y nitrógeno, compuestos orgánicos volátiles y monóxido de carbono, todas sustancias tóxicas para las personas y los animales.  Se prevé que estos gases, por la dinámica de las corrientes de aire que circulan en dirección sur-este en la zona donde se construiría la Refinería del Pacífico, llegarían hasta Manta, pasando a convertirse en una amenaza a la salud pública. Además, la RdP descargaría aproximadamente 11 millones de m3/año de desechos líquidos industriales tóxicos a fuentes de agua que finalmente serán echados al mar, afectando gravemente los ecosistemas marino-costeros y la reproducción de las ballenas jorobadas en las costas de Manabí.  Sin mencionar los riesgos de accidentes y explosiones, frecuentes en este tipo de industrias, que afectarían principalmente a las más de 30 comunidades aledañas al proyecto (1).

Por supuesto, debería ponerse un énfasis especial en el peligro que representa el asentar una infraestructura de este tipo en una de las zonas sísmicas de mayor riesgo en el país, tal como se indica en los estudios de impacto ambiental y que lamentablemente se manifestó en abril pasado.

A pesar de ello, el presidente Correa mencionó que por el retraso de la construcción de la Refinería “se pierden generaciones para el desarrollo, para el buen vivir”. Es evidente que tenemos que recuperar el significado del buen vivir. Para esto, una de las condiciones es no endeudarnos más. Tampoco embarcar al país en un proyecto petrolero inviable y de alto riesgo socioambiental como es la Refinería del Pacífico. No debemos olvidar que pudimos dar pasos certeros hacia el verdadero buen vivir con la No explotación del Yasuní para defender la biodiversidad y la vida de los pueblos indígenas aislados, pero el gobierno traicionó su palabra y la voluntad de los ecuatorianos.

El Ecuador tiene vocación agrícola, pesquera, artesanal, turística y Manabí es un ejemplo en este sentido. Debemos cuidar su diversidad cultural, agrícola y silvestre, sus bosques, ríos y el mar.  Hay que proteger su patrimonio arqueológico ya gravemente afectado con la preparación del terreno para la RdP (2) así como por la construcción del acueducto por parte de la cuestionada empresa brasileña Odebrecht (3).

Otra condición para el “Buen Vivir” es reconstruir la democracia. Por ejemplo podemos consultar a los manabitas si están de acuerdo con que se construya o no esta infraestructura petrolera; podemos emprender nuevamente el camino para preguntar al país –como lo propusieron los Yasunidos- sobre si estamos de acuerdo o  no en dejar el crudo bajo tierra en el Yasuní-ITT.

Una idea novedosa para enfrentar la arremetida petrolera es la de salvar el Yasuní pero también la de yasunizar las 3.500 has del terreno que se destinarían a la construcción de la RdP. Esto significa devolver estas tierras ancestrales a las comunidades campesinas de la zona, revirtiendo el proceso de despojo al que se las ha sometido y apoyar sus propuestas de constituirse en comunidades agroecológicas (4).

El proceso electoral que se viene estará cargado de este tipo de mentiras.  Se tratará de engañar a los ecuatorianos sobre las bondades del ITT y al pueblo manabita con falsos discursos de un dizque “buen vivir” que les traería la Refinería del Pacífico. Pero Yasuní y Manabí no son solo nombres que riman. Son territorios de pueblos libres y libertarios que no se creerán nuevos cuentos chinos.

ACCIÓN ECOLÓGICA

(1) Para conocer más acerca de los impactos de la Refinería del Pacífico ver:

http://www.accionecologica.org/petroleo/refinerias/refineria-del-pacifico

y http://www.accionecologica.org/naturaleza-con-derechos/libros/1920-ballenas

(2) Más información sobre las denuncias alrededor del terreno de la Refinería del Pacífico ver:

http://comisionanticorrupcion.ec/?cat=106

(3) Hay denuncias en contra de Odebrecht en Argentina, República Dominicana, Perú, Brasil,  etc.

Ver por ejemplo: http://www.eltiempo.com/mundo/latinoamerica/condena-a-marcelo-odebrecht-por-escandalo-en-petrobras/16531128

(4) Para conocer sobre la propuesta de yasunizar el área de la RdP ver: http://www.planv.com.ec/historias/sociedad/asi-nos-tomamos-la-refineria-del-pacifico