Tras 10 años, la “nueva Amazonía” pobló de elefantes blancos la selva … Imprimir
Lunes 02 de Octubre de 2017 12:41

Como ha ocurrido en las últimas décadas, el nuevo avance de la explotación petrolera y la apertura del país a la megaminería en la Amazonía se justificaron con la óptica de que las comunidades se beneficiarían con la extracción de los hidrocarburos y minerales que están en el subsuelo. Desde el gobierno fue denominada la “nueva Amazonía” para resaltar el supuesto carácter fundacional de su agenda para la región, basada en megaproyectos que cambiarían estructuralmente la relación de la Amazonía con el Ecuador y el mundo.

 


Incluir el espacio ecuatoriano en los flujos internacionales de comercio mediante el corredor multimodal Manta-Manaos, que competiría con el Canal de Panamá, se generaría supuestamente una aceleración de flujos transnacionales de mercancías anclados en el puerto internacional de Providencia. Según señalan sus promotores, se pretendía integrar a las comunidades indígenas y mestizas mediante la construcción de 200 nuevas ciudades en medio de la selva que saldarían la deuda social con las poblaciones más afectadas por la explotación petrolera. Y, añaden, se pasaría del extractivismo a la sociedad del bioconocimiento mediante una nueva universidad, IKIAM, anclada en el banco de ADN que suponen la Amazonía y los conocimientos ancestrales para una nueva industrialización del Ecuador.

Sin embargo, 10 años después, estos espejismos (1) han sido tumbados por la realidad del espacio amazónico. Manta-Manaos es un proyecto que con más de 1.000 millones de dólares de inversión no ha llevado una sola mercancía de una ciudad a otra; mientras que Providencia, en el río Napo, nunca fue un puerto de mercancías, sino un puerto petrolero que aprovechaba la ubicación de nuevas vías más cercanas a los bloques del Yasuní. Podemos decir que las ciudades del milenio fueron una estrategia estatal de más de 40 millones de dólares para tratar de acabar con  una enconada resistencia comunitaria a la entrada de Petroecuador al ansiado campo petrolero Pañacocha; estas ciudades, después de 4 años, se han convertido en una fachada de modernidad en la que los derechos más básicos siguen sin cumplirse. Por su parte, la Universidad IKIAM, con una inversión de varias decenas de millones de dólares, ubicada en territorios kichwa a partir de fuertes despojos de la población local, sigue sin laboratorios 3 años después de su inauguración y está lejos de vislumbrarse cualquier industria biotecnológica.

Pese al evidente fracaso de estos megaproyectos que ahora son enormes elefantes blancos en la Amazonía -o artefactos que no cumplen la tarea para la que fueron diseñados-, sí tuvieron un enorme papel ideológico ocultando cuál es la realidad tras la incursión del Estado en la región:    favorecer principalmente la imposición de los proyectos extractivos de minería y petróleo. Es decir, “la nueva Amazonía” fue una pantalla para ahondar y justificar las lógicas imperantes en la Amazonía desde que se integró territorialmente al Estado nacional: el trato racista estructural a los pueblos amazónicos, la consideración de tierras baldías a sus territorios, en definitiva el sacrificio de la región y sus pueblos para el “desarrollo” nacional mediante el saqueo y el uso de unas llamadas compensaciones que son nada más que una fachada de derechos.

La “nueva Amazonía”  ha vuelto a dejar  una sensación de frustración en esta región del Ecuador. Con el nuevo boom la promesa del desarrollo volvió a ser efímera. La consabida pérdida de esperanza en estos megaproyectos o la reactivación de la dinámica de los paros como forma de reclamo ponen de manifiesto este descontento que hoy recorre la Amazonía. La relación del país con los pueblos amazónicos debe cambiar de forma radical. Debe primar una agenda de derechos humanos y de la naturaleza que sustituya a las antiguas y nuevas formas de explotación -impuestas en nombre de unos supuestos beneficios para la sociedad pero que únicamente alimentaron de manera espectacular la corrupción económica y política en nuestro país.

ACCIÓN ECOLÓGICA

 

Quito, 29 de septiembre de 2017


(1)  Espejismo: Imagen, representación o realidad engañosa e ilusoria (OXFORD Diccionario español)

Para más información ver el libro de Manuel Bayón y Japhy Wilson, “La selva de los elefantes blancos”, editado por Abya Yala y el Instituto de Estudios Ecologistas del Tercer Mundo, 2017. Contacto: Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla