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EL PARO AMAZONICO EN ECUADOR: UNA LUCHA POR LA DIGNIDAD PDF Imprimir Correo electrónico
Lunes 26 de Septiembre de 2005 14:55

Alexandra Almeida A.
Acción Ecológica
Septiembre 2005

La explotación petrolera en Ecuador se desarrolla principalmente en la región amazónica. Ésta inicio en la década de los 60 cuando la empresa estadounidense Texaco, en consorcio con la empresa Gulf, encontraron petróleo en la zona de Lago Agrio, lo que hoy es la provincia de Sucumbíos, al nororiente del país. Inmediatamente después de este descubrimiento se abrieron otros campos petroleros hacia el este y hacia el sur de Lago Agrio, donde hoy es la provincia de Orellana. En total la Texaco abrió 15 campos petroleros, construyó 22 estaciones de separación y bombeo, perforó alrededor de 340 pozos y abrió más de 600 piscinas para recolectar desechos tóxicos. Construyó además una red de oleoductos y vías de acceso a la infraestructura petrolera en toda su concesión que abarcaba 500.000 hectáreas de bosque húmedo Tropical.

En la década de los 80 a través de rondas de licitaciones petroleras se fueron entregando bloques de 200.000 hectáreas a diferentes transnacionales petroleras que fueron instalando su propia infraestructura para explotar hidrocarburos en toda la parte norte y centro del oriente ecuatoriano. En 1992 la empresa Texaco sale del país y todas sus operaciones quedan a cargo de la empresa estatal Petroecuador.
Las actividades realizadas tanto por Texaco como por las demás transnacionales y por Petroecuador han causado impactos ambientales gravísimos en esas zonas. La contaminación de aguas debida a los frecuentes derrames de crudo y a las tóxicas aguas de formación que salen permanentemente de las estaciones se ha extendido tanto a cuerpos superficiales como subterráneos provocando que en esos lugares no se pueda encontrar agua limpia en ninguna parte ya que hasta el agua de la lluvia está contaminada por la quema de gas y por las malas prácticas de limpieza de los derrames. Esta situación provoca que tampoco se puedan consumir los peces de los ríos de la zona por encontrarse también contaminados.


Los derrames de crudo y la práctica de arrojar los desechos de esta industria al ambiente han provocado que los suelos también se encuentren contaminados y por lo tanto no sirvan para realizar actividades agrícolas ni ganaderas. La contaminación de aguas y suelos junto con la del aire han provocado que la población que ahí vive sea ésta indígena o mestiza padezca innumerables enfermedades siendo las más comunes infecciones de piel, infecciones respiratorias, anemias, amnesia, malformaciones en los nacimientos, abortos y cáncer. Además se registran en esas zonas otros impactos sociales como: problemas laborales, pérdidas económicas por muerte de ganado, de animales domésticos y destrucción de cultivos tanto de consumo interno como los destinados al mercado externo. En las zonas de actividad petrolera también existen problemas sociales como violencia, prostitución, alcoholismo etc.
Es necesario añadir que en esta región es en donde se ubican los mayores niveles de pobreza, igualmente las tasas de morbilidad, muerte infantil y cáncer, junto con las de analfabetismo y desempleo son mayores aquí que en el resto del país. El estado no ha atendido a esta región ni en salud, ni educación, ni vivienda, ni vialidad, ni obras básicas. Se la considera la zona más abandonada de todo el país, sin embargo, contradictoriamente, es de ahí de donde salen los recursos que dejan el mayor ingreso económico al Ecuador.


Es en este escenario y con esta situación, que vive, desde hace más de treinta años, la población que en el mes de agosto del presente año se levantaron para hacer conocer al resto del país y principalmente a las autoridades nacionales que ellos también existen, que son también ecuatorianos y que tienen los mismos derechos que el resto de la población ecuatoriana.


La población principalmente rural de las provincias de Sucumbíos y Orellana a través de este paro denunciaron a todo el país y al mundo que sin agua segura, sin producción agrícola, sin alimentos, sin trabajo estable y con cáncer no podían continuar viviendo, mientras las empresas petroleras siguen saqueando el principal recurso con el que contamos, dejando grandes perjuicios no sólo a los amazónicos sino a todo el país.


Este levantamiento por tener reivindicaciones tanto locales como nacionales creó simpatía y solidaridad en la opinión pública nacional, fue la forma como la gente de las otras regiones del país, que se sentían orgullosas de que seamos un país petrolero, conozcan a qué costo tenemos ese calificativo, cómo tienen que vivir o sobrevivir los compatriotas amazónicos para que podamos explotar y exportar el famoso oro negro.


A pesar de que las negociaciones con las autoridades, que dieron por terminado el paro biprovincial, no cumplieron con todas las expectativas que se tenían, la población nororiental quedó fortalecida porque quedó claro que su lucha no era únicamente económica sino que fue una lucha por la dignidad y la soberanía del país.