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Agenda Ecologista para la Transición #8: Las dinámicas del cuidado desde una perspectiva ecologista

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“Escucha a la tierra a través de la voz de las hijas de la tierra”,
Vandana Shiva

Josefina aprendió de su madre que la manzanilla se toma cuando se tiene dolor de cabeza o de panza; aprendió que la sábila se pone cuando alguien se quema, y que el eucalipto cuando se hierve ayuda para expulsar la flema. Ella aprendió de su madre, y su madre de su madre, y así hasta llegar a la gran madre tierra que nos enseña y nos cuida a diario, ofreciéndonos esas plantas para curarnos de los males que nos aquejan en el día a día. Cada una de ellas tiene su historia y su fuente de vida.  y es que muchas plantas están ligadas a quien encontró en ellas posibilidades de sanación y referentes simbólicos.

Favorecer la circulación de estos saberes es parte de lo que podemos hacer para seguir fortaleciendo una labor de cuidado comunitario en tiempos de aislamiento. En el páramo, la selva, la montaña, la quebrada y los valles podemos encontrar las plantas que nos pueden curar de muchas enfermedades, incluso en el contexto de pandemia muchas comunidades del campo y la ciudad están utilizando las plantas curativas para enfrentar esta situación.

Como Josefina, miles de mujeres y hombres han aprendido el arte de cuidar desde la madre tierra y miles han aprendido también a cuidar la madre tierra. Y es que ella como todo organismo vivo precisa mantener su equilibrio para estar en perfectas condiciones. Y es aquí donde el ser humano como animal que habita este mundo, cobra especial relevancia.

por su capacidad para destruir los espacios naturales o convivir con ellos.

Sabemos que toda actividad humana produce efectos en el entorno natural. La modernidad nos ha metido en la cabeza que la relación con la naturaleza debe ser de sujeto/objeto, y que podemos modificar a nuestro antojo el objeto/naturaleza como la única forma que tenemos de vivir.

Pero existen modelos y otros mundos posibles que  nos han demostrado que no son las redes capitalistas las que cuidan y enseñan el valor de la reproducción y el cuidado, sino que se sostienen sobre la acumulación y utilizan el despojo como medio para conseguirlo.

Los lazos que nos permitirán sobrevivir no pueden ser los mismos que sostienen las dinámicas del capitalismo, sino son las que sostienen las expresiones de cuidado. Vemos relaciones colectivas, comunitarias, que aparaguan a las personas vulnerables y se fortalecen entre iguales; muestras potentes de cuidado e intercambios, que encuentran nicho en las comunidades más alejadas a las que han llegado con camiones llenos de alimentos para las personas vulnerables; la historia de los jóvenes indígenas que cargaron camionetas llenas de eucaliptos para enviarlos como medicina para la ciudad de Guayaquil; se crearon grupos de trueque e intercambio no monetario que se mantienen. Las crisis son una oportunidad para recomponer dinámicas sociales que no estén mediadas por las relaciones de acumulación y explotación, sino bajo el paradigma del cuidado.

Esta crisis sanitaria evidenció la vulnerabilidad estatal en todo nivel. La corrupción galopante dentro de los hospitales públicos y las soluciones neoliberales que se propusieron desde el ejecutivo han dejado claro que la prioridad estatal no está en el bienestar de la población sino en el bolsillo de las grandes empresas y sus aliados. La obligación de exigir al Estado que cumpla con su obligación de garantizar y proteger derechos se vuelve una tarea y una responsabilidad. Pero una cosa son las responsabilidades estatales y otra la posibilidad de generar autonomía desde la sociedad civil organizada y no organizada. Cuidar los afectos para cuidar la vida es una de las estrategias que pueden ser pensadas desde el vínculo profundo que genera el contacto con la tierra y la naturaleza. El trabajo por recuperar las autonomías de las comunidades que se han visto afectadas por la industria extractiva y la recomposición de los vínculos sociales son ejercicio de abordaje de la salud física y mental.En la ciudad, esta capacidad, ha sido casi anulada y nos encontramos encerrados en la selva de cemento, arrinconados en pequeños espacios verdes que abren grietas entre el gris para poder respirar y darnos gotas de verde frescura.

En el campo, el avance del agronegocio violenta la biodiversidad favoreciendo la producción en masa. La soberanía alimentaria se convierte en una estrategia fundamental de cuidado de la naturaleza, la tierra y las poblaciones, ya que reivindica el derecho de los pueblos a pelear por definir sus formas de producción en estrecha relación de armonía. Entre las fortalezas de esta propuesta está la de alimentar y dar salud a la población, las y los campesinos que con tierra o sin ella luchan por el acceso a agua, semillas y crédito para facilitar la reproducción de la vida. Este concepto político involucra la relación fraterna campo-ciudad en tanto ofrece opciones para decidir qué consumir, cómo y quién produce. Es un derecho el proteger la producción local frente a los tratados de libre comercio la gran agroindustria..

Romper la dependencia a la agroindustria es rescatar tecnologías y conocimientos sobre el cuidado de la vida y la relación con la naturaleza presentes en la agricultura campesina. En Ecuador, la agricultura campesina produce el 60% de alimentos que  consumimos. Es esta soberanía la que dispone el alimento diverso de varios pisos climáticos y apuesta por una alimentación como derecho y no como mercancía.

Otro de los problemas es la ampliación de las fronteras extractivas. La explotación petrolera, minera y la construcción de represas e hidroeléctricas, han sido fuente de los más atroces ejercicios de violencia y agresión a poblaciones locales. Las organizaciones de resistencia han sido una fuente de salud y cuidado para las comunidades y sus integrantes, donde se encuentran vínculos de identidad comunitaria y lazos de afecto colectivo. La pertenencia a un colectivo de resistencia y lucha es sinónimo de cuidado y salud.

Es por esto que desde Acción Ecológica proponemos cuidar nuestras relaciones con la naturaleza, de la que somos parte, y con las personas, organizaciones y colectivos con las que trabajamos, en base a

1. El ejercicio real, concreto y efectivo de la plurinacionalidad como derecho; como paradigma de relacionamiento bajo las normas de respeto de la cultura, pensamiento, sabiduría y tradiciones de los pueblos y nacionalidades.

2. El acceso universal al agua, la salud, alimentación, vivienda, energía, transporte, seguridad social, por ser indispensables para la reproducción material y el cuidado de la vida. Por lo tanto, deben permanecer en la esfera de lo público, y no pueden ser privatizados.

3. Atender preferencialmente las necesidades de los sectores vulnerables y de las comunidades.

4. Fortalecer las redes colectivas de producción de alimentos para garantizar la soberanía alimentaria, así como los sistemas de salud ancestrales y los procesos colectivos y comunitarios donde surgen y se manifiestan tejidos de colaboración y complementariedad para el cuidado de la vida

5. Detener el avance de las fronteras extractivas y del agronegocio pues afectan los sistemas propios con que las comunidades ejercen el cuidado de la vida material y simbólica.

6. Revalorizar, fortalecer, visibilizar, compartir los conocimientos y prácticas colectivas de restauración de los espacios naturales dañados y de los tejidos sociales que han sido debilitados y fragmentados por la acción de la industria extractiva y otras acciones de desarrollo; además de exigir la reparación integral por parte del Estado y las empresas.

El cuidado de los territorios, de nuestros símbolos culturales, nuestros conocimientos,  nuestros afectos, y se convierte en eje fundamental para la construcción de nuestra historia. Por eso, decimos con Adolfo Colombres que cuando una comunidad conserva el control de su producción simbólica estará en condiciones de mantener el hilo de su propia historia y regular su proceso de cambio (…) y no será cambiada desde afuera, sometida a otros modelos. Sino que será transformada desde su corazón.

ACCION ECOLOGICA

12 de junio de 2020

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