¡El TLC con Estados Unidos anticipa su violencia antes de existir!

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La decisión del presidente Lasso de negociar un tratado de libre comercio (TLC) con Estados Unidos en la práctica se ha convertido en la imposición -por inconsultas y acordadas a espaldas de la población- de medidas que otorgan enormes garantías jurídicas y económicas a las grandes empresas, mientras se subordinan los derechos humanos, colectivos y de la naturaleza.

Reingresar al CIADI es una de esas medidas, rechazada por Asamblea Nacional porque contraría lo que establece el artículo 422 de la Constitución: “No se podrá celebrar tratados o instrumentos internacionales en los que el Estado ecuatoriano ceda jurisdicción soberana a instancias de arbitraje internacional, en controversias contractuales o de índole comercial, entre el Estado y personas naturales o jurídicas privadas”. El CIADI o Convenio sobre Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones entre Estados y Nacionales de otros Estados, es uno de los principales tribunales internacionales de arbitraje regidos por normas comerciales, que van de la mano de los Tratados de Protección de Inversiones y de los TLC. El CIADI es parte del Banco Mundial y de él han salido la mayor parte de las demandas multimillonarias de transnacionales como Oxy, Chevron, Perenco, contra el Estado ecuatoriano.

Otra medida muy reciente es la entrada en vigencia del Protocolo para el Acuerdo del Consejo de Comercio e Inversiones entre Estados Unidos y Ecuador en materia de reglas comerciales y transparencia. Dicho Protocolo fue denominado “Acuerdo previo” o “Acuerdo fase 1” (del TLC con Estados Unidos), por el gobierno de Lenín Moreno, que lo firmó el 8 de diciembre de 2020.

Estas decisiones ratifican el carácter antidemocrático de los TLC, basados en acuerdos secretos que se dan a conocer cuando ya son hechos consumados.

La entrada en vigor del mencionado Protocolo fue celebrado por los dos gobiernos en las instalaciones de una empresa agroindustrial ubicada en la provincia de Cotopaxi, como señal inequívoca de cuán importantes son las reglas del “libre comercio” para los agronegocios; y al mismo tiempo, la importancia estratégica que tiene la agroindustria para el crecimiento continuo de las ganancias de las empresas que controlan el mercado internacional de semillas, agrotóxicos, maquinaria y otros insumos, de los que dependen enormemente las actividades agroindustriales.

La nota difundida por la embajada de Estados Unidos sobre el evento es reveladora. Muestra en primer plano un cartel donde se lee “Brócoli Ecuador”, mientras el representante comercial adjunto de Estados Unidos para el hemisferio occidental estrecha la mano del viceministro de Comercio Exterior del Ecuador.

Junto con el banano, el camarón, el aceite de palma, el cacao, el atún y las flores, el brócoli es uno de los sectores agroindustriales que más se benefician en el Ecuador con los tratados de libre comercio. Pero el éxito de estos sectores empresariales tiene detrás la historia de los impactos que provocan con sus actividades. Al abrirles más mercado internacional expandirán sus actividades en los territorios, y esto aumentará los efectos nocivos sobre los espacios naturales y los espacios de vida de las comunidades.

Precisamente en Cotopaxi, desde hace ya varios años, las brocoleras y las comunidades campesinas e indígenas están en constante conflicto por el agua. Las empresas no sólo concentran gran parte del agua de riego, sino que además bombardean las nubes para evitar que llueva cuando están cosechando el brócoli, lo que da lugar a que muchas familias campesinas pasen períodos de tiempo casi sin agua para sus cultivos ni para uso doméstico. A más de esto, debido al uso de agrotóxicos de las brocoleras, los niveles de contaminación de las fuentes de agua son altos y la salud de los trabajadores y trabajadoras es puesta bajo riesgo.

Al mismo tiempo, la desregulación que viene con los TLC va a otorgar a las empresas la capacidad de actuar con mayor impunidad y, lo más probable, utilizando la retórica propia del capitalismo verde.

Estamos ante un anticipo de lo que sería un TLC con Estados Unidos: la  violencia empresarial que se exhibe en los territorios sacrificados por el libre mercado. Sin embargo, cuidar y garantizar el agua, la vida, es una prioridad para los pueblos y las comunidades. Frenar la arremetida neoliberal podría ser sólo cuestión de tiempo.

ACCIÓN ECOLÓGICA
18 de agosto de 2021

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