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Serie Coronavirus #18: El eco-fascismo y racismo ambiental, amenazas colaterales de la pandemia

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En el mundo entero los temas ambientales han ganado un especial interés de la gente. Todos procesan esta pandemia como parte de los límites de la naturaleza y del planeta. Para muchos el coronavirus está dando un respiro a la tierra. Entre los videos verdaderos y los que no lo son, se ven animales silvestres que entran a las ciudades. Está la evidente reducción de la contaminación, el silencio en las ciudades que permite distinguir el sonido de los pájaros, el regreso de la fauna silvestre a lugares de los cuales la urbanización salvaje desterró.

Han bajado drásticamente las emisiones de CO2, en China, en Europa, e incluso en Estados Unidos, en donde las restricciones son menores. La caída de las emisiones de dióxido de carbono ha sido registrada por la Agencia Espacial Europea, National Geographic y el informe Carbon Brief y los comunicados de Greenpeace. Todos estos informes revelan que ha disminuido entre el 80 y el 25% de emisiones en diferentes países. Solamente en China las emisiones cayeron el 25%, equivalente a 200 millones de toneladas métricas CO2 (MtCO2).

Esta pandemia ha colocado en el centro de las discusiones los problemas globales y cómo los gestionamos; así como los problemas locales y cuánto y cómo incidimos sobre ellos.

El cambio climático, la destrucción de las selvas, los incendios, ha ido acercando la crisis global a todas las sociedades. Si el cambio climático nos acercó al conjunto del planeta la crisis ambiental, la pandemia del nuevo coronavirus nos llegó directamente a los cuerpos.

Pero los temas globales y los locales tienen siempre varias lecturas, unas son las que nacen desde el poder y otras las que promueven las víctimas. Pasa lo mismo ahora con la nueva pandemia:


1.  El virus es “la venganza de la naturaleza” contra los humanos.[1]

Este mensaje, que se ha filtrado con fuerza en las redes sociales, sugiere la idea de que todos los humanos son igualmente destructores de la naturaleza. Que los humanos son solamente una “especie” o una unidad compacta que amenaza el planeta.  Pero no todos los seres humanos, ni todas las sociedades son iguales, hay sin duda diferentes niveles de responsabilidad frente la crisis.

Los pueblos indígenas o comunidades campesinas – aun cuando muchas se han quedado sin tierra-, representan el 80% de personas en el mundo no solo consumen menos y conservan más, sino que tienen alternativas, conocimientos, ciencias y tecnologías, maneras de gestionar la existencia… y aunque no sean inmunes a la penetración del capitalismo y la economía del dinero, mantienen otros ritmos y relaciones con la naturaleza, de pertenencia y complementariedad. No pueden ser considerados responsables de la destrucción de la naturaleza en las escalas globales que ahora se discuten.

El coronavirus se ha dispersado por el mundo debido a la globalización de los mercados, a la ruptura del equilibrio en la naturaleza, a la crisis de los sistemas de salud, así como a la múltiple exposición a enfermedades.

Pero, ni siquiera los datos de los resultados de la crisis, apoyarían la versión de que una epidemia como el coronavirus sería buena para el medio ambiente. En Ecuador, por ejemplo, la reducción del transporte en las ciudades fue muy importante, pero se ha mantenido la quema de gas y la extracción de crudo en la Amazonía. Además, se continuó con las fumigaciones con agrotóxicos en las plantaciones de banano para la agroexportación, se han expandido varias de las actividades más contaminantes, como por ejemplo la minera, y se ha reportado la presencia de deforestadores y mineros furtivos en territorios indígenas.

En las ciudades hay menos movimiento de automóviles, mayores controles para evitar el contagio, pero deberemos evaluar qué destino tienen los desechos de empaques, mascarillas, plásticos, que han aumentado. Además de los químicos que se usan para desinfectar, no se sabe aún las consecuencias que tendrían a futuro para la salud.

En las zonas rurales (esas que son las fronteras del extractivismo) la situación es muy grave, hay mayor presencia de actividades extractivas (incluyendo derrames petroleros) y, sin duda, hay menos controles para evitar el contagio entre los trabajadores o a las poblaciones locales.

El anuncio nacional para salir de la crisis, a más de contraer nuevas deudas, es incrementar la extracción petrolera y minera. Tras la pandemia, la predicción o deseo, es incrementar la extracción de minerales y petróleo.

2.  A las nuevas crisis se las enfrenta cerrando fronteras

Después de los incendios en la Amazonía, en Australia y muchas otras regiones del mundo, de las olas de calor y del cambio de estaciones, el cambio climático es el presente y la razón de las crisis inminentes. Hay varios estudios y reportes, incluso oficiales, que hablan de un posible colapso planetario, si no se frenan las emisiones que provocan el calentamiento global.

Además del negacionismo, los inventos de geoingeniería, o la compra y venta de certificados de emisiones, hay una nueva agenda para el clima impulsada desde la extrema derecha: recrudecer las políticas antimigratorias, e incluso, control poblacional en el sur del mundo, con argumento sobre las “amenazas” que vendrían desde el sur.  Como si el problema del calentamiento global fuera responsabilidad de los países empobrecidos.

Las crisis geofísico-biológicas son fruto de la modernización, impulsada y sostenida desde los centros de poder. Es allí donde se incuban y expanden los problemas a escala global.

La derecha xenófoba está comenzando a entender la oportunidad que la crisis representa para ellos, y el poderoso capital político que encierra la promesa de evitar el fin del mundo.  Utiliza argumentos que ponen la responsabilidad de la contaminación a nivel individual y a las personas empobrecidas, por la falta de hábitos de higiene, la falta educación y otros preconceptos, ligándolos con el tema de la sobrepoblación. Estamos hablando del ‘ecofascismo’.

Es un contexto en el que se expresan las posiciones más reaccionarias de la historia.  Incluso, hay quienes han sugerido aplicar políticas de eugenesis social, inoculando el virus a toda la población para que sobrevivan los fuertes, que serán quienes tengan acceso a los sistemas de salud y condiciones materiales para enfrentar la enfermedad, las cuarentenas y el desempleo.

Es difícil saber qué implicaciones habrá en el futuro. Si en este tiempo nos contaminemos con el miedo, la agresividad y el individualismo o si, por el contrario, hayamos aprendido a valorar la belleza, el abrazo y la comunidad. Seguramente habrá de los dos.

No es fácil predecir hacia dónde se moverán las políticas públicas, sea evitando aquellas actividades que alteran la naturaleza o aumentando la presión a la naturaleza con el pretexto de la crisis. Seguramente esto dependerá de la fuerza que tengan las resistencias y movilizaciones sociales.

Lo que sí es claro, es que la agenda ecológica es más vigente que nunca y, junto con ella, reivindicar las diversidades de especies, de bosques, de pueblos y de conocimientos.

ACCIÓN ECOLÓGICA

17 de abril de 2020

Notas:

[1] ¡Corona [virus] es la cura. Los humanos son la enfermedad! Poster falso, atribuido al grupo ecologista Extinction Rebellion (XR) 
https://factcheck.afp.com/extinction-rebellion-said-it-did-not-issue-poster-about-coronavirus

Fuentes:

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